Ministerio de Educación Cultura y Deporte

Museo de Arte Romano

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Planta Baja

La casa romana. Sala VII

(Sala VII) La casa romana (domus) es el resultado de la unión del atrium itálico -espacio rectangular con apertura en el techo y estanque situado inmediatamente debajo para la recogida del agua-, reservado a las habitaciones que constituían lo que podríamos llamar "zona pública" de la mansión, y el peristilo helenístico, o patio porticado, en torno al que se distribuían las estancias más íntimas: comedores, dormitorios, etc. Al lado de estas grandes viviendas existían otras más modestas, verdaderas casas de vecinos, de formas y dimensiones muy variadas.

En Mérida no conocemos las ruinas de ninguna vivienda modesta, aunque lógicamente existieron, y tampoco contamos con restos significativos de las casas que formaron parte del conjunto intramuros. Por el contrario, sí están bien documentadas las grandes mansiones suburbanas que abarcan una amplia cronología comprendida entre los siglos i y iv d. C. (casas del "Mitreo", "Anfiteatro", "Casa-basílica" etc.) y las villae, quintas o cortijos campestres, diseminadas por el amplio territorio de la colonia.

En el ámbito situado a la izquierda de la nave central puede apreciarse un magnífico pavimento de mosaico con el conocido episodio del rapto de Europa: Júpiter, que adopta la figura de toro, se lleva raudo a su amada a través de un prado esmaltado de flores junto a la orilla del mar. El mosaico es de finales del siglo ii d. C. Es interesante mencionar igualmente un brocal de pozo, de sección octogonal, ornado con escenas del ciclo báquico, de finales del siglo iv d. C., que se dispone delante del pavimento. Los dos bustos y los dos capiteles proceden de las excavaciones de distintas casas emeritenses.

A la derecha de la nave central se ha reconstruido una habitación correspondiente a una casa romana. Fue descubierta en la calle de Suárez Somonte y proporcionó este excepcional conjunto pictórico.

La decoración parietal está distribuida en cuadros casi rectangulares ocupados por escenas cinegéticas y circenses: la figura de un auriga vencedor sobre su cuadriga; un episodio de la caza del ciervo, al que acaba de dar muerte un jinete; una escena de doma; una estrella; un momento de la caza de la liebre, que es apresada por un lebrel ante la atenta mirada del cazador a caballo; finalmente, en un precioso escorzo, un auriga en el momento de esperar la señal del magistrado para dar comienzo a su frenética carrera en torno a la spina del circo. El zócalo de la pared imita lastras de mármol jaspeado.

Se trata de una pintura de corte popular, de carácter narrativo, impregnada de un fuerte realismo, con ciertas concesiones a lo anecdótico y un gusto netamente romano. Diseminados por la superficie pictórica pueden apreciarse diversos grafitos con cifras, la figura de un caballo, una jaula con una liebre en su interior y otros presumiblemente realizados por niños. La datación de este grupo se establece en los primeros años del siglo iv d. C.

Al fondo, un mosaico procedente de la cercana villa de "Las Tiendas". Nos muestra a un jinete en el momento de asestar el golpe definitivo a una pantera que se revuelve al sentirse herida. La fecha de este pavimento musivo se sitúa hacia la mitad de la cuarta centuria.