Ministerio de Educación Cultura y Deporte

Museo de Arte Romano

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Planta Baja

Ritos funerarios. Sala VI

(Sala VI) Fue la inhumación (enterrar el cuerpo) la primera fórmula sepulcral atestiguada en Roma. Más tarde, la incineración (quemar el cuerpo) adquiriría mayor importancia, hasta que en el siglo ii d. C. vuelve la modalidad más antigua a imponerse, bien por la influencia del cristianismo, bien por las creencias en la perduración de la personalidad en el más allá. Ambos ritos funerarios motivaron una variada tipología de enterramientos que se muestran en la sala.

A la izquierda de la nave central, el monumento del legionario Zósimo, beneficiario de la Legión VII Gémina, preside un conjunto formado por un buen número de lápidas que nos informan acerca de la condición y circunstancias de la vida de los difuntos.

A la derecha de la nave central encontramos una amplia representación de estelas, aras, cipos, etc., que señalizaban diferentes enterramientos. Las lápidas presentan nombres conocidos de la colonia, algunos pertenecientes a la tribu Papiria, ya que a ésta fue asignada la población emeritense. En los epígrafes siempre hay elementos comunes, como la consagración a los dioses infernales -D.M.S. (Diis Manibus Sacrum)-, el nombre del difunto, su edad, el nombre y el parentesco del dedicante, así como la tradicional fórmula final H.S.E.S.T.T.L., abreviatura de Hic situs est. Sit tibi terra levis. (Traducción: Aquí yace. Que la tierra te sea leve). Era costumbre muy emeritense, aunque no de su exclusividad, que aquellos que podían costeárselo acompañaran la estela con la representación de sus efigies, como sucede con la estela expuesta con representación de un matrimonio.

La sepultura en forma de cuba (cuppa) corresponde a un enterramiento de incineración. Fue una modalidad muy frecuente en Mérida, donde hasta el momento hay atestiguadas unas 2.500, sobre todo en la Alcazaba, en cuya construcción se aprovecharon la mayoría de ellas, procedentes de una importante necrópolis situada en las inmediaciones.

Hay también una tumba de libaciones. Éstas se vertían por el tubo superior junto con las ofrendas procedentes del banquete funerario, mientras que el ajuar y las cenizas, en una urna, ocupaban el espacio interior. Respecto a los sarcófagos presentes, de mármol liso, se explica su considerable longitud por la deposición, junto al cadáver, del correspondiente ajuar funerario.