En una ciudad como Augusta Emerita, foco de atracción de grandes contingentes de población procedentes de todo el Mediterráneo, se desarrollan numerosos cultos, entre los que destacamos los oficiales del Estado romano, cultos imperiales, los de las deidades del panteón clásico, los relacionados con los dioses orientales y las divinidades genuinamente autóctonas. Sus testimonios son los que recogen estas dos salas.
Bajo el término genérico de religiones orientales (sala IV) se agrupa un determinado número de cultos en honor de las divinidades tradicionales de las religiones costeras del Mediterráneo oriental y de las tierras del interior del antiguo Oriente Próximo.
Los contactos que la Península Ibérica habría mantenido anteriormente con esas tierras se intensificaron durante el período romano, con lo que se produce un continuo fluir de ideas, en especial religiosas, hacia todo el occidente europeo. Inmigrantes de aquellas tierras fundamentalmente, así como el tráfico comercial y los desplazamientos de las tropas romanas, serán los vínculos de esa propagación.
En Augusta Emerita existió un importante santuario dedicado a esas divinidades en el cerro de San Albín, junto a la denominada "Casa del Mitreo". No es extraño el auge en la colonia de estas religiones, más cercanas al alma popular que los preceptos de la fría religión romana, sobre todo si se tiene en cuenta la amplia comunidad de orientales aquí asentada. Ésta, pues, hubo de ser la impulsora de la vida del santuario, cuyo momento más importante hay que situar en la mitad del siglo ii d. C. cuando brilla la poderosa personalidad del gran sacerdote Gaius Accius Hedychrus. De la importancia de dicho santuario son una buena muestra los testimonios escultóricos y epigráficos recuperados en el curso de unas excavaciones practicadas durante la primera década del presente siglo y que se recogen en la sala.
En la izquierda, llenan el espacio y presiden el conjunto las efigies de lsis, la de un devoto de Mitra, en cuyo plinto se registra la firma del escultor griego Demetrios, y una tercera, tal vez Chronos o Mitra naciente con la serpiente enrollada en su joven cuerpo, de notable singularidad y compleja interpretación.
Una columna de granito, con revestimiento de estuco, rematada por su capitel, procede del llamado "Templo de Diana" que estaba situado en el foro municipal de la colonia y dedicado al culto imperial. Es un testimonio elocuente de la monumentalidad de esa singular construcción religiosa y, poniéndola en relación con las dimensiones de la nave central del Museo, nos introduce en las magnitudes reales de la arquitectura pública romana.
En la derecha, un Chronos leontocéfalo da paso a una interesante vitrina ocupada por inscripciones que representan otros tantos testimonios de diversas divinidades: Mitra (deus invictus), Ataecina (dea sancta), Sigerius Stilliferus y Edigenus, dioses estos últimos de carácter local. Destacaríamos la importante lápida de Proserpina, hallada en el siglo xviii en el embalse que llevaría más tarde su nombre, considerable documento de la religiosidad de la época.
Completan este panorama unas figuritas, en mármol y bronce, de la diosa Venus, un relieve con los trabajos de Hércules y diversas lucernas alusivas a varias deidades, tanto del panteón clásico como de divinidades orientales.
A continuación, la efigie de un posible sacerdote de lsis, un ara que nos relaciona con la conmemoración de la festividad del nacimiento de Mitra, la cabeza del dios Serapis, todas ellas piezas halladas en San Albín, y una interesante representación de Iuppiter Dolichenus, divinidad oriental de carácter militar difundida a través de las tropas romanas.
Al fondo, la escultura conocida como Occeanus, divinidad acuática, reclinada sobre su costado izquierdo, en la que se puede apreciar un epígrafe con la mención al sacerdote Hedychrus.
Finalmente, dos representaciones difíciles de determinar, de naturaleza mitraica, un relieve con una posible escena de banquete en honor de Mitra, tres divinidades sedentes, alguna de ellas de carácter infernal, y la lápida que recuerda el enterramiento del niño Quintus Articuleius, de elevada condición social, junto a quien aparece el dios Attis tocado con su tradicional gorro frigio.
Los cultos oficiales de la Colonia, bien los referentes a las divinidades del panteón tradicional, bien los relacionados con la casa imperial y sus antecesores, fueron los que revistieron mayor importancia de acuerdo con los testimonios conservados. Fueron varios los templos que existieron en Emerita: el de "Diana", consagrado al culto imperial como también lo estuvo otro descubierto en la calle Holguín en pleno foro provincial, el de Marte y el citado santuario mitraico de San Albín además de otros testimonios menores.
En la sala V, a la izquierda de la nave central, otras tres esculturas halladas en el santuario mitraico: en los laterales, Esculapio, Venus (a cuyos pies figura Eros cabalgando sobre un delfín) y Mercurio descansando sobre una roca, con su lira de caparazón de tortuga y cuernos de antílope, en el centro. En la lira figura una inscripción fechada en el año 180 de la colonia, es decir, el 155 d. C., que resulta vital para fijar la cronología de todo el conjunto escultórico procedente del santuario.
El acceso desde la nave central lo marca un dintel del armilustrium o templete de Marte, cuyos restos fueron reutilizados en la construcción del pórtico de la iglesia conocido como "Hornito de Santa Eulalia", donde se pueden ver hoy. Este dintel está decorado con relieves de armas, relacionados con el carácter guerrero de Marte.
Un torso de Venus se dispone al lado de la vitrina. En ésta se expone un roleo de bronce hallado en el "Templo de Diana", un remate decorativo con granadas, un epígrafe con mención al genio de la ciudad de Emerita, y una pierna, hallada también en el "Templo de Diana", fragmento de una estatua de bronce, posiblemente un emperador divinizado. A continuación de la vitrina, tres elegantes lápidas funerarias nos mencionan a otros tantos sacerdotes consagrados al culto imperial. Pieza relevante, hallada en las excavaciones del pórtico del foro municipal en mayo de 1986, es la de un personaje velado, considerable obra escultórica.
Al fondo, la magnífica cabeza velada del Genio de la Colonia, divinidad tutelar de la misma, aparecida junto al "Templo de Diana", cuya incuestionable categoría la hace figurar entre las piezas más relevantes del Museo. Puede fecharse a finales del siglo i d. C.
A la izquierda, una escultura de la diosa Venus y otra, también femenina, de dudosa identificación, procedente del referido templo. Destaca el interesante mosaico firmado por el artista emeritense Annibonius. Refiere el momento de la llegada a la isla de Naxos del dios Baco, acompañado por miembros de su cortejo, y su encuentro con Ariadna, que aparece dormida a la izquierda. Es obra de fines del s. iv d. C. y clara muestra de la descomposición de la forma clásica que se produce en las provincias del Imperio.