La ceca de la colonia Augusta Emérita
La colonia Augusta Emérita, fundada en el año 25 a. C. por P. CARISIVS LEG PROPR, empezó acuñando monedas de plata, En ellas el título imperial es de IMP CAESAR AVGVSTVS con cabeza desnuda de Augusto a derecha o izquierda. El reverso presenta distintos temas militares que recordaban a los soldados licenciados sus antiguas hazañas en las guerras cántabras: escudo, falcata, hierro de lanza, trofeos, victorias y la puerta amurallada de la ciudad (atril n.º 1).
Hacia el 23 a. C., en que se otorga a Augusto la Tribunicia Potestad, Publio Carisio acuña monedas de bronce como legado de Augusto (AVGVSTO TRIB POTEST y P. CARISSIVS LEG AVGVSTI) con el conocido tema de la puerta de la ciudad o la leyenda P. CARISIVIS LEG AVGVSTI ocupando todo el campo del reverso.
Las demás emisiones augústeas emeritenses llevan la fórmula PERMISSV CAESARIS AVGVSTI y bellos tipos alusivos a la fundación de la ciudad (yunta de bueyes guiada por un sacerdote), o a la realización de las grandes obras públicas como la representación de un rostro barbado con un ánfora de la que mana agua, o la efigie femenina echando agua por la boca, ambas referidas a las obras hidráulicas tan importantes en la colonia (atril n.º 2).
La muerte y posterior divinización de Augusto fue recordada, al igual que en otras ciudades hispanas, con nuevas series monetales realizadas por orden de Tiberio, en las que aparece la cabeza radiada de Augusto y la leyenda DIVVS AVGVSTVS PATER, junto al templo (AETERNITATI, AVGVSTAE) o el altar (PROVIDENTIAE AVGVSTI), donde se le rendía culto (atril n.º 3).
Durante el reinado de Tiberio continúan en uso los viejos tipos acuñados por su antecesor, sólo que ahora con su propia efigie y leyenda (TI CAESAR AVGVSTI PONT MAX IMP), añadiéndose algunos que hacían referencia a su madre Livia, representada a veces como Ceres, con la leyenda SALVS AVGVSTA o IVLIA AVGVSTA. A la muerte de Tiberio la ceca de la colonia Augusta Emerita pierde su autonomía para acuñar monedas, que ya sólo recobrará circunstancialmente en época visigoda.
La abundancia de metales preciosos en los suelos ibéricos es una de las características más destacadas por los historiadores antiguos y serviría de móvil a la hora de plantearse la definitiva conquista de la Península por parte de Roma.
Con la adhesión de los territorios hispanos a los dominios de Roma, se produce un cambio en el aprovechamiento de los recursos mineros. Hasta entonces la propiedad de las áreas mineras estaba en manos de las pequeñas comunidades que controlaban el territorio en que éstas se ubicaban, o bien de las oligarquías que las explotaban en beneficio propio. Por el contrario, Roma las hace propiedad estatal y desarrolla una compleja administración para supervisar el trabajo en cada una de las zonas mineras, destinando funcionarios civiles y destacando cuerpos militares para facilitar el control de los trabajos y asegurar el envío de los metales preciosos a Roma.
Con la parte que de estos metales preciosos no se destinaba a la acuñación de moneda se siguieron realizando joyas, objetos de uso y piezas rituales.
En el expositor se muestra una representación de algunas joyas halladas en Mérida. Cabe destacar un conjunto de anillos luciendo entalles con representaciones diversas, encuadrables cronológicamente entre el siglo I a. C. y el III d. C., algunos otros con incrustaciones de piedras o pasta vítrea o, incluso, grabados sobre el mismo metal. Asimismo, un conjunto de pequeños pendientes (inaures) hechos en su mayoría a base de un alambre cerrado sobre sí mismo, o de factura más caprichosa y con perlitas.
Son de destacar también los hilos de oro hallados en una tumba que adornaban la vestimenta funeraria o la fíbula de plata fechable en el siglo IV d. C. y procedente de la villa de "Las Tiendas".
Algunas piezas realizadas en piedras semipreciosas o ámbar, como la que muestra a dos niños peleándose o la concha con cabeza de águila y tritón en su interior, nos hablan de lejanas rutas comerciales en el abastecimiento de Augusta Emerita.