Ministerio de Educación Cultura y Deporte

Museo de Arte Romano

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Primera Planta

Numismática. Salas III y II

Las salas III y II nos presentan una muestra de las monedas encontradas en la colonia, bien de manera fortuita bien en el transcurso de las campañas de excavaciones científicas.

El atril n.º 1 muestra las piezas más antiguas halladas en Augusta Emerita. Sobresalen por su buen estado de conservación los llamados denarios consulares, monedas de plata de buena ley y bella factura, emitidas por los magistrados de la República Romana, en las cuales marcan sus iniciales junto a los emblemas familiares (AEMILIA, CAECILIA, SEMPRONIA...). Junto a éstos, algunos grandes bronces con la cabeza de Jano bifronte y la proa de la nave.

Las llamadas series hispano-romanas son acuñaciones autónomas, con permiso del poder central, realizadas por los principales municipios de Hispania ante la carencia de numerario fraccionario y la necesidad de propaganda de los nuevos asentamientos. Se desarrollaron extraordinariamente en época de Augusto y Tiberio y algunas de ellas, como las que se pueden apreciar en la vitrina (ITALICA, EMERITA, CARMO), alcanzan gran difusión, compitiendo con las emisiones de Roma hasta que desaparecen durante el reinado de Calígula (37-41 d. C).

Completa el atril una muestra de las monedas con alfabeto ibérico (s. i a. C.) llamadas comúnmente series del "Jinete Lancero".

Los atriles 2-6 recogen, cronológicamente, las emisiones realizadas por el poder central entre los siglos i-iv d. C. El primero de ellos refleja uno de los mayores períodos de estabilidad económica del Imperio, con moneda fuerte de buen peso y buena ley, utilizada por la familia Julio-Claudia como eficaz instrumento de propaganda política. En el atril n.º 2 vemos una variada muestra de las acuñaciones augústeas que abarca a casi todos los miembros de su familia: Augusto, Tiberio, Germánico, Druso, Cayo, Lucio.., Sus sucesores, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, mantuvieron su misma política.

El advenimiento de la dinastía Flavia (69 d. C.) no supuso cambio en la ordenación del sistema monetario. Vespasiano, Tito y Domiciano continuaron acuñando grandes bronces y denarios, en algunos de los cuales se alude al triunfo de los primeros sobre los judíos. En esta iconografía se consagra definitivamente la corona de laurel frente a la cabeza desnuda de la anterior dinastía Julio-Claudia.

Con Trajano y Adriano (98-138 d. C.) llegó a su más alto nivel el arte de la acuñación. Los retratos de ambos emperadores en sestercios y denarios son auténticas obras de arte, y en los reversos se alude a sus victorias en Germania, Dacia, etc. De las acuñaciones que se hicieron a nombre de sus sucesores se conservan bellas piezas de Aelio y Sabina.

El atril n.º 3 está dedicado a las familias de los Antoninos y los Severos, Los primeros (138-192 d. C.) siguen la tradición recogida de los emperadores anteriores en los grandes bronces, buena muestra de ello son los ejemplares que vemos de Antonino Pío, Marco Aurelio y Cómodo, y los de sus mujeres, Faustina I y II (diferenciables ambas por su distinto peinado), Crispina y Lucilla, mujer de Lucio Vero. Con la dinastía de los Severos (Septimio Severo. Caracalla, Heliogábalo y Alejandro Severo, años 193-235 d. C.) se inicia un cierto retroceso en el arte de las monedas y una transformación de los gustos en materia iconográfica que queda patente en las monedas de las mujeres de la familia (Julia Domna, Julia Maessa...). Con Caracalla aparece por primera vez una nueva moneda de plata, el antoniniano, con menos peso y ley que el denario, que desbancará a éste hasta hacerlo desaparecer.

El atril n.º 4 recoge algunas de las numerosas emisiones realizadas por el último de los Severos, Alejandro, en una época ya inflacionista. Los tipos de sus reversos siguen siendo mitológicos, con una creciente adulación a la institución militar. Aparte, monedas de algunos de los protagonistas de la llamada anarquía militar, Maximino, Máximo, Gordiano Pío (244 d. C.).

En el atril n.º 5 observamos los efectos de la crisis del siglo iii. Se multiplican las emisiones, con pérdida de valor intrínseco de la moneda, tanto de bronce como de plata; ésta acaba por convertirse en una pieza de vellón, sin resto alguno de su primitivo metal, esta característica se puede ver en las emisiones de Galieno (268 d. C.), Claudio II (270 d. C.), etc. También se produce un cambio en la indumentaria de los emperadores, sustituyéndose el laurel por la corona radiada y la toga por el paludamentum o manto militar. Todavía a mediados del siglo iii conviven el sestercio y el antoniniano (Filipo I y II) aunque éste va tomando supremacía sobre el primero, que termina por desaparecer. Sólo con la reforma monetaria de Diocleciano (305 d. C.), volverán a aparecer monedas de bronce de gran módulo, los llamamos follis.

El atril n.º 6 está dedicado exclusivamente a las acuñaciones realizadas durante el siglo iv d. C. Se puede apreciar claramente cómo los intentos reformadores de Diocleciano no son seguidos por Constantino y sus sucesores y los follis de la Tetrarquía (Constancio, Constantino, Majencio, Licinio...) desaparecerán definitivamente con la dinastía constantiniana, dejando paso al pequeño bronce que perdurará ya hasta el final del siglo. Sólo con los usurpadores Magencio (353 d. C.) y Decencio, y con Juliano (363 d. C.), llamado el Apóstata, reaparecen algunos bronces de módulo superior. El áureo desaparece también definitivamente dando paso a otra moneda de menos peso, también de oro, llamada solido (Valente, Valentiniano, Graciano).

En lo que se refiere a los tipos de las monedas también se ha producido un cambio sustancial. En los anversos, los retratos pierden toda importancia dando lugar a tipos esquemáticos y estereotipados sin ningún rasgo personal distintivo. La corona radiada acaba siendo sustituida por la diadema oriental y los tipos mitológicos del reverso, por motivos cristianos o alusivos al ejército y a sus victorias contra los bárbaros. Ya en la segunda mitad del siglo las dinastías Valentiniana (364-392 d. C.) (Valentiniano, Valente, Graciano) y Teodosiana (379-423 d. C.) (Teodosio, Arcadio y Honorio), mejoran la calidad de la moneda de bronce que, sin embargo, declinará totalmente a fines del siglo v d. C.