La vitrina de la izquierda acoge una selección de las diferentes manifestaciones de la terra sigillata.
Recibe su nombre por el sigillum (sello o cuño) con el que se realizaba la decoración de los moldes en que se obtenían estas piezas. El característico color rojizo brillante se lograba mediante un baño en arcillas depuradas antes de efectuarse la cocción en hornos especiales. Sus formas, por tratarse de una producción industrial realizada a molde, han sido sistematizadas con facilidad y se suelen conocer con el nombre del investigador que las ha descrito y el número de orden que éste le ha otorgado (Drag. = Dragendorff; Ritt. = Ritterling; Mez. = Mezquiriz; Hermet, etc.)
Se muestran varios fragmentos con las marcas de alfareros de Terra Sigillata Italica (T.S.I.) provenientes en su mayoría de talleres de Arezzo. Destaca un fragmento con escena amorosa representando a Eros y Psique. Estas producciones itálicas surgen a mediados del siglo i a. C., y comienzan a perder fuerza hacia mediados de la centuria siguiente al entrar en competencia con los productos fabricados en la Galia, en donde se instalan talleres sobre todo en el Sur, a partir ya de los años 20 del siglo i d. C. De Terra Sigillata Galica (T.S.G.) destacan varias piezas ricamente decoradas con motivos vegetales, animales, geométricos y temas mitológicos, aunque, al igual que en los otros casos, exista una mayoría de piezas lisas. Es de resaltar una producción conocida con el sobrenombre de marmorata (cerámica amarilla con veteado en rojo imitando mármol) representada por un cuenco decorado, con la marca FELICISMAN en el interior, y otros dos cuencos de reducido tamaño. El taller sudgálico de la Graufesenque es prácticamente el único que surte la demanda emeritense de T.S.G. en el siglo i d. C.
Hacia mediados del siglo i d. C. da comienzo la producción de Terra Sigillata Hispanica (T.S.H.) que se prolongará hasta los siglos iv-v d. C. Las piezas encontradas en Mérida, tanto lisas como decoradas, parecen proceder en su mayoría de alfares del valle del Ebro y más concretamente de la zona de Tricio (Tritium Magallum). Conservan muchas de ellas el sello del alfarero, destacando, por su abundancia, las provenientes de los talleres de VALERIVS PATERNVS, LAPILLIVS (o L. APILLIVS), SEMPRONIVS, etc. De las piezas expuestas, solamente una cantimplora lisa (forma Hermet 13) parece proceder del alfar de Andújar.
La Terra Sigillata Clara (T.S C.) tiene asimismo su representación en esta vitrina. No dispone del característico brillo de las anteriores y las formas tampoco son las mismas. Cronológicamente se extiende desde fines del siglo i d. C. al vi d. C., con los principales centros productores en el norte de África. Platos, fuentes y cuencos son las formas más características. Destacan varios fragmentos de una gran fuente con escenas del ciclo de Hércules, en relieve aplicado, fechada hacia mediados del siglo iv d. C.
En la vitrina de la derecha se pueden contemplar dos manifestaciones características de la cerámica romana como son las "paredes finas" y las terracotas.
La primera de ellas se caracteriza por disponer de un grosor reducido en las paredes, por las formas generalmente pequeñas (son vasos para beber) que imitan vasijas de vidrio o metal y por poseer unos acabados exclusivos. Su origen se encuentra en Italia a finales del siglo ii a. C. y pronto se difunde por el Mediterráneo. En Augusta Emerita existen alfares que destacan por la fabricación de vasos con pastas ocres o blanquecinas, engobe anaranjado o amarillento con efecto tornasolado, decoración en bandas de pequeñas incisiones o con barbotina reproduciendo lúnulas, mamelones y hojas de agua. Las piezas expuestas muestran una selección de las formas y decoraciones más comunes, propias todas de los alfares emeritenses de la segunda mitad del siglo i d. C. Por otra parte estos mismos u otros alfareros fabricaron piezas imitando las de "paredes finas", en su forma o decoración, pero de inferior calidad, como son los pequeños cuencos con pie alzado, cubiletes y otras piezas.
El resto de la vitrina está ocupado por una selección de terracotas. Suelen ser pequeñas figuritas en barro cocido, a las que se les da un capa de pintura (no suelen conservar el color) realizadas con moldes bivalvos o incluso modeladas. Se utilizaban en la casa simplemente para decorar o con una finalidad religiosa, portando un significado de fecundidad, maternidad, amor, etc., y forman parte habitualmente de los ajuares funerarios. Destaca alguna mascarilla por su gran realismo, así como algunos juguetes. La mayor producción parece corresponder a los siglos i y ii d. C., siendo en su mayoría de fabricación autóctona.