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EL MUNDO DE LOS ESPECTÁCULOS

En la actualidad no podemos imaginar el mundo romano sin los grandiosos espectáculos que ofrecían emperadores, senadores y particulares al pueblo de Roma. Estos espectáculos públicos eran llamados LVDI. Los que se celebraban en el circo, Lvdi Circenses y las representaciones teatrales, Lvdi Scaenici. En el anfiteatro tenían lugar los Munera Gladiatoria, así como las Naumachiae, batallas navales y las Venationes, donde se enfrentaban animales con hombres y bestias entre sí. Había también pruebas atléticas y pugilato al que Augusto, según el historiador Suetonio, era un gran aficionado.

Creados, en origen y en fechas fijas, para conmemorar las fiestas dedicadas a los dioses, eran ya, en época republicana un medio eficaz para ganarse el favor del pueblo. Los habitantes y ciudadanos del Imperio ocupaban mucho tiempo asistiendo a los espectáculos y cada vez exigían mayores y mejores novedades en los mismos. Según Juvenal el emperador satisfacía al pueblo con panem et circenses. En las carreras y combates, que podían durar todo el día, se repartía comida como higos, nueces, dátiles o trozos de ave y también tesserae o fichas con números que daban derecho, a quienes las cogían, a distintos regalos.

Frecuencia, variedad y esplendor en los espectáculos en los que el emperador se sentaba a la vista de todos y compartía sus gustos con el pueblo. Los espectadores aclamaban o protestaban las actuaciones de los políticos con las que no estaban de acuerdo. Los ciudadanos romanos tenían sus asientos asignados y debían vestir la toga para acudir a las distintas representaciones y actos. Calígula en el año 37 autorizó sombreros para protegerse del sol. Domiciano fue el emperador más riguroso en que se respetaran todas las ordenanzas en cuanto a asientos, vestidos y la paz y el orden durante el desarrollo de las mismas.

Los Lvdi Romani celebrados en honor de Júpiter en el siglo III antes de nuestra era, tenían una duración de dieciséis días y se realizaban en el foro. Con Augusto ya hay 65 días de fiestas y espacios propios dedicados a las mismas, con Marco Aurelio el número de días festivos llega a 135. Sólo para conmemorar la consagración del Anfiteatro Flavio (Coliseo), Tito, en el año 80, dio fiestas que duraron 100 días.

Los lvdi circenses, carreras de cuadrigas, y las luchas de gladiadores fueron los más apreciados y en los que se invertían grandes cantidades de dinero. Suetonio nos dice que al emperador Nerón le gustaba representar obras teatrales, Cómodo luchaba como gladiador y Caracalla participó en carreras como auriga.

La violencia, la valentía y la sangre eran muy familiares para ellos, sentían auténtico entusiasmo por la arena tanto del circo como del anfiteatro. La pasión de los competidores era la gloria por vencer, luchaban para el triunfo o la muerte.