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LVDI CIRCENSES. EL CIRCO

Las carreras de carros, celebradas en origen en honor del dios de las cosechas, Consus, se llevaban a cabo en el circo. Las competiciones de bigas y cuadrigas despertaron en el pueblo romano un fervor inusitado y una enorme espectación la victoria o derrota de cada una de las facciones o bandos que participaban en las carreras. También se presenciaban en el circo carreras de caballos y de atletas.

Todos y cada uno de los romanos se sentían partidarios de una de las facciones que corrían en el circo. Durante la República había dos bandos, el rojo, factio russata y el blanco, factio albata. A comienzos del siglo I se añade la factio prasina o bando de los verdes y la factio veneta que correspondía a los azules. Eran las cuatro más importantes y las que tenían mayores adeptos, cada una contaba con sus auriagae, verdaderos héroes que hacían ganar y ganaban grandes sumas de dinero y honores. Los nombres de Escorpo, Diocles, Sabinianus o Eutiques han llegado hasta nosotros a través de diversas inscripciones en las que se enumeran sus carreras y victorias. Pero también conocemos el nombre de muchos caballos que asombraron por su velocidad y valentía. En las carreras de cuadrigas el mejor caballo, funalis, era enganchado en la parte izquierda y externa del carro para que al dar la vuelta a la meta, hiciese una curva muy cerrada, ganara tiempo y el carro no volcara. La compenetración del auriga con este caballo, después de muchos entrenamientos, debía ser total.

Miles de personas se sientan en el graderío el día de las carreras que comienza con una procesión de imágenes de dioses, acompañada de músicos, bailarines y del promotor o editor de los lvdi. Las cuadrigas que iban a competir salían a la pista para dar las siete vueltas a la spina que era el recorrido total de la carrera, algo más de ocho kilómetros.

Los aurigas iban de pie sobre los carros, vestidos con una túnica corta sujeta al cuerpo con correajes, la tela de la túnica era del color de la facción a la que pertenecieran, la cabeza estaba protegida por un casco y llevaban un pequeño cuchillo en el cinturón para cortar las riendas en caso de caída ya que muchas veces iban atadas al cinturón. En una de sus manos llevaban la fusta.

Además de dinero y regalos, el premio para el vencedor de la carrera era una palma que mostraba con orgullo al enfervorecido público que le había apoyado.