Las luchas de gladiadores eran en Roma y en todas las ciudades del Imperio un espectáculo de primera magnitud. Instituidas por el Estado en el año 105 antes de nuestra era, se consideran un sacrificio que se impone como un deber. Es un honor obligado a los dioses Manes, escribe Tertuliano a finales del siglo II.
Celebrados en origen para conmemorar a los difuntos en las exequias fúnebres, este espectáculo fue haciéndose cada vez más frecuente y ambicioso. El interés que despertaban estas luchas a muerte en el pueblo romano hizo que cada emperador procurara superar a su predecesor en número de combates y en gladiadores cada vez mejor entrenados.
Los combates estaban regulados por leyes que se van modificando a lo largo del tiempo en cuestiones como el número de gladiadores que debe luchar o las veces que pueden darse combates. En Roma sólo se permiten las tropas gladiatorias imperiales, pero en otras ciudades muchos particulares son dueños de luchadores.
No todas las clases de gladiadores son contemporáneas, los más antiguos son los samnitas, galli, thraeces y murmillones. Después vendrán los retiarii, essedarii, secutores y oplomachi, entre otros. En todos ellos hay una gran profesionalidad, lograda en las escuelas de gladiadores que hay en todas las provincias del Imperio. Los tracios son muy populares; llevan como arma ofensiva una espada corta y curva llamada sica y como defensas, yelmo, escudo rectangular, manica en el brazo derecho y espinilleras en las piernas. En cuanto a los retiarii, su arma ofensiva es la red, el tridente y una corta espada. Cada una de las clases tiene sus armas características y su forma de luchar. En la arena no había que perdonar la vida de un adversario vencido, sólo el editor muneris podía perdonar la vida mediante la concesión de la missio.
Las primeras venationes en Roma tienen lugar tras la conquista de la región africana de Cartago ya que es de esta zona de donde proceden las primeras fieras que combatirán en la arena. Al igual que las luchas de gladiadores, este espectáculo fue adquiriendo cada vez mayores proporciones. Además del aliciente que suponía ver luchar a hombres con animales y a estos entre sí, la mayoría del pueblo romano veía por primera vez animales exóticos y admiraba su belleza y fiereza. No todos los animales eran utilizados para combatir, hábiles domadores enseñaban a grullas, elefantes, monos, focas y leones a hacer las delicias del público.
Para las venationes realizadas en cualquier anfiteatro hispano, se traen animales de todas partes, tigres de Hyrcania, leones de la región del Atlas, elefantes de Libia, e hipopótamos y cocodrilos del Nilo.
El anfiteatro sirve también de emplazamiento para las Naumachiae, sobre la arena inundada de agua se escenifican combates navales, simulacros de batallas que constituyen un espectáculo muy apreciado y alabado por el pueblo.