Ministerio de Educación Cultura y Deporte

Museo de Arte Romano

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Planta Baja

Edificios de espectáculos públicos. Salas I, II y III

Planta bajaMérida ha conservado, en alto grado de integridad, los tres grandes edificios destinados a los más importantes espectáculos públicos: teatro, anfiteatro y circo. Los dos primeros se hallan junto al museo, mientras que el circo, para las carreras ecuestres y de carros, se encuentra a las afueras de la ciudad.

Los espectáculos y juegos teatrales, gladiatorios, venatorios y circenses destinados a grandes masas, son una práctica desarrollada en Roma e implantada en todo el área de su imperio. Hoy podemos considerar la existencia de estos edificios y su amplio período de uso, como signo de romanidad de la colonia Augusta Emérita.

A la izquierda de la nave central se expone en estas salas un conjunto de estatuas fechadas entre finales del siglo i y comienzos del siglo ii que en su día formaron parte de la ornamentación del frente escénico del teatro (actualmente son réplicas en materia plástica las que pueden apreciarse en el citado monumento). En la sala I encontramos las correspondientes a Proserpina, diosa de carácter infernal, Plutón, dios de ultratumba y esposo de la anterior, y un emperador con traje militar. Ceres, diosa de la agricultura y madre de Proserpina, preside el conjunto de la sala II. Dos nuevas efigies de emperadores en traje militar y algunas cornisas procedentes también del mismo edificio, ocupan dicha sala.

La sala I, a la derecha de la nave central, muestra piezas en relación con el circo y el anfiteatro. En la vitrina destacan la inscripción pintada procedente de una de las grandes puertas del anfiteatro, que un gladiador dedicó a la diosa Némesis, y distintos bronces relacionados con los ludi circenses: pugilista, espinillera, pasarriendas de carro (uno con representación de pantera y otro con escenas cinegéticas), un magnífico caballo y un jinete militar.

Al fondo de la sala se muestra, en forma esquemática, el alzado del basamento o podium del anfiteatro, donde cuatro sillares que formaron parte de su balaustrada nos acercan al tipo de decoración pintada que existió en el monumento y a la imagen de estos espectáculos tan netamente romanos. Podemos ver a un retiarius (gladiador armado con red y tridente), una lucha entre fieras (tigresa y jabalí) y un paisaje montañoso que formaba parte de la escenografía del conjunto.

Los fragmentos conservados de la inscripción conmemorativa de la inauguración del anfiteatro, en la que se mencionaba el undécimo consulado y la decimosexta potestad tribunicia de Augusto (lo que equivale al año 8 de nuestra era) y la lápida que testimonia la restauración del circo por parte de los hijos sucesores de Constantino el Grande, entre los años 337 y 340, dan fe de la importancia oficial que se concedía a estos edificios, y de cómo servían a los emperadores para su mayor honra y prestigio ante la población.

En la sala II se ha considerado interesante mostrar las manifestaciones religiosas atestiguadas en el teatro. Este tipo de edificios constituye un marco apropiado para el desarrollo de la propaganda imperial, ya que en ellos, por lo general antes del comienzo de las representaciones, se celebraban ceremonias religiosas tendentes a glorificar a los emperadores y a sus antepasados. Dichos cultos tenían lugar en pequeños templos ubicados en la zona alta del graderío o en capillas, como en el caso de Mérida, situadas en el eje central del pórtico anejo a la parte posterior de la escena del edificio. De esta zona proceden la mayoría de las piezas que se exponen en la sala.

En la vitrina se exhiben diversas piezas referentes al teatro: máscaras de actores en terracota, pintura y bronce, pequeñas esculturas de emperadores y emperatrices, Faustina Minor (?), Septimio Severo, Crispo (?) y relieves con diversas armas, aparecidos en el teatro. Una interesante inscripción en bronce recuerda el hermanamiento de la colonia Augusta Emérita con la localidad bética de Ugia.

Se expone aquí una magnífica serie de retratos imperiales: Augusto, Tiberio, Druso (?) y Agripina. Las esculturas, que flanquean simbólicamente a Augusto, visten la clásica toga romana y pueden ser identificados con personajes públicos (miembros de la familia imperial), ya que aparecieron en la citada capilla del pórtico del teatro.

El citado retrato de Augusto velado, lo que marca su dignidad de Sumo Pontífice, constituye uno de los tesoros más preciados del museo y uno de los más bellos retratos romanos de la Península Ibérica. Es de mármol de Carrara y sigue el modelo conocido como "Augusto de Vía Labicana", hoy en el Museo Nacional de las Termas de Roma.

Una inscripción honorífica dedicada a Coronia Procula, varios fragmentos de lápidas con mención a diversos emperadores y un Ara con representación de una Ménade danzante, completan la sala.

La sala III está dedicada a mostrar los diversos momentos de la arquitectura monumental del teatro. Este edificio, inaugurado oficialmente en los años 16-15 a. C. fue mandado construir por Agrippa, yerno de Augusto y su ministro universal. A lo largo de su historia sufrió importantes remodelaciones, de las cuales las más importantes tuvieron lugar en época de Trajano (a la que pertenecen las piezas situadas junto a la lápida conmemorativa correspondiente), y en tiempos de los hijos de Constantino (trabajos atestiguados igualmente por medio de una inscripción).

Se muestran también un reloj de sol, que en su día estuvo en el centro del pórtico del teatro, y la imagen de un emperador divinizado que formó parte del conjunto decorativo de la escena.